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Vino en el Bierzo

La introducción de la vitis vinífera en la comarca del Bierzo, como en gran parte de la Península Ibérica, se debe al advenimiento de los romanos. Sus métodos de cultivo establecieron un antes y un después en la historia del vino, así como sus rudimentarias vinificaciones que, sin embargo, se tomarían como ejemplo durante los siguientes siglos. Como curiosidad de esta época, el nombre del pueblo de Valtuille, donde se aglutinan los deseados majuelos de CASAR DE BURBIA, deriva del valle aquel donde veía los viñedos a distancia el afamado tratadista Plinio El Viejo.

A partir del siglo IV, gracias al asentamiento de los primeros ermitaños cristianos que buscaban el retiro para ofrecerse a la oración, a la penitencia y a la meditación; se erige la Tebaida berciana. Fundada por monjes anacoretas, en este área montañosa y tremendamente aislada, sita al sureste del Bierzo, se plantaron algunas de los primeros viñedos de calidad de la comarca leonesa.

Otra época importante para el desarrollo de la vid fue la época cisterciense, gracias, nuevamente, al empuje de los monjes y las constantes influencias de los peregrinos que completaban el Camino de Santiago. Éstos traían cepas de otras latitudes que, en ocasiones, acababan estableciéndose y arraigándose en la comarca berciana.

Tras la llegada de la filoxera a finales del siglo XIX, el sector vinícola ralentizó su avance en el Bierzo hasta la década de los sesenta. Desde ese instante, comienza un resurgir de la industria vitivinícola. Pero no fue hasta la década de los noventa cuando el Bierzo comienza a posicionarse en el lugar destacado que ocupa en la actualidad, apostando, fundamentalmente, por la variedad autóctona mencía.